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Hay casas que tienen alma. Casas que tienen un corazón que late porque durante muchos años latieron otros en ella. Son casas con historias que contar a través de sus muros, de sus ventanas, de sus rincones. Y La Tahona es una de esas casas que no nacieron ayer. Sabe mucho de otras vidas, de alegrías, de amores, de esfuerzo y trabajo, de ilusiones…También sabe de retazos de la vida de aquellos que han pasado por ella a disfrutar de unos días de descanso, de vacaciones familiares, de risas de niños, de sueños decorando la noche…

Así que queremos contarte su historia por ella. Por una casa centenaria que ha visto y vivido también la historia de Elche de la Sierra.
¿Nos acompañas?

No sabemos con exactitud el año en el que La Tahona fue construida, pero sabemos que fue alrededor de 1900, con madera y barro como muchas otras de la época.
Fueron dos hermanos, Pepe y Juan Frías, los que le dieron su primer nombre y su primera misión. La Tahona de Pepe Frías se cimentó como panadería en lo que entonces era la zona industrial del pueblo.
Además de su actividad elaborando pan, comenzó una nueva vida para La Tahona con la construcción de un molino donde se picaba el esparto, actividad que se completaba en la Balsa del Pilar, justo al lado de la casa, donde se humedecía el esparto. Esta tarea era realizada normalmente por las mujeres del pueblo.
La fabricación de cuerda era una actividad principal en Elche de la Sierra y dio nombre a la calle donde se ubicaba La Tahona. Calle de Los Hiladores.

En los años 60, además de la panadería, se amplió el edificio y se construyó la Serrería de Juan Frías, así que nuestra Tahona albergó una nueva actividad: la de fabricar palets y cajas de madera.
No fue hasta los años 80 aproximadamente que toda la casa se dedicó al negocio de la serrería.

Años después, la serrería fue vendida a un maestro serrador a cambio de la leña que el vendedor necesitara a lo largo de su vida.
La siguiente aventura y transformación de La Tahona fue en el momento en que Ernesto la compró para instalar en ella su Taller de carpintería.
Sin embargo, las crisis desencadenadas en los últimos años fueron la semilla de nuevos proyectos. Ernesto y Pilar idearon y dieron forma a una nueva vida para La Tahona.

Las casas rurales.
La primera fue La Tahona 1, cuyo actual patio era simplemente un leñero.
La casa fue transformándose poco a poco en lo que es ahora, a base de mucho trabajo e ilusión durante muchos fines de semana. Cada detalle, cada rincón de la casa fue renovado sin perder el encanto de las casas de antes, sin perder su alma. Hasta su apertura en 2004.

En 2007, con el mismo mimo y cariño se inauguró La Tahona 2.
Aunque la estructura fue reforzada y se añadieron nuevos elementos estructurales, en La Tahona se mantienen muchos otros de antaño, de sus otras vidas, como si de un álbum de recuerdos de tratara.

Cuando entras en ella puedes encontrar antiguas ruedas y poleas de su vida como molino. También grandes tinajas de Villarrobledo que datan de 1950. Las vigas de La Tahona 1 son las originales. De hecho, aún pueden apreciarse en ellas las marcas de hacha que se realizaban para señalar e identificar las maderas de mayor calidad.
También puedes ver la trampilla de madera original en el techo del salón, por donde echaban la harina en la panadería.

Muchos de los objetos que decoran la casa ya estaban en ella desde que era «pequeña» y algunos han sido restaurados para vivir «una nueva vida», como la estufa de hierro fundido transformada en mesita de noche en el dormitorio principal de La Tahona 1.

Pasar unos días en la casa te transporta a otras épocas, te hace saborear cómo era la vida de antes. Es como pasar las páginas de un álbum de fotos que ha cobrado vida para ti, al mismo tiempo que tú estás formando parte de él desde que has entrado en su corazón.
Lo más bonito es ver cómo Pilar y Ernesto han logrado hacer convivir de una forma tan armónica los objetos del pasado con los del presente. Con qué arte han sido combinados para que se lleven tan bien y hagan de la estancia allí un hogar atemporal, con tanta energía positiva y buenas vibraciones.
Es la perfecta unión de bienestar, comodidad y gusto por lo genuino.
Una casa que te ofrece las últimas tendencias en su decoración y servicios pero que no renuncia a su historia y a su esencia.

Hay personas que vienen a las casas que no pueden resistirse a dejar también constancia de su paso por ellas. Pintan de colores una piedra o escriben su nombre en ella y la dejan en algún rincón de la casa, o en alféizar de una ventana del patio… Es una forma de pertenecer al álbum de sus recuerdos, de quedarse en el corazón de La Tahona igual que ella se queda en el nuestro.

Y a ti, ¿te gustan las casas con historia?

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